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Familias homoparentales en Costa Rica: retos y esperanzas (Parte I)

Nisa Sanz, Agosto 2020

“Fui y soy madre por opción, sin embargo se me negó el derecho a criar a mis propias hijas por un prejuicio y la existencia de un estereotipo negativo sobre las personas de orientaciones sexuales diversas.

Hoy recibo tranquila este fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que viene a restablecer el imperio de la justicia para mí y mi familia, revirtiendo la jurisprudencia que por años me privó de la tuición de mis hijas. Lo recibo con la certeza de que ha quedado claro que las familias son diversas en su composición e iguales en dignidad. Vivir de acuerdo a la identidad sexual de cada persona no será, como nunca debió ser, un impedimento para ejercer una maternidad y paternidad afectuosa, responsable, acogedora y cariñosa.

Tengo una profunda esperanza de que con esta condena internacional al Estado de Chile se dignifique a todas aquellas madres y padres que han visto restringidos sus derechos por su orientación sexual”.

Después de un largo proceso de divorcio, la jueza de familia le informó a Karen Atala que perdía la custodia de sus tres hijas. Su ex esposo interpuso una demanda de custodia al considerar que el desarrollo físico y emocional de las niñas estaría en serio peligro, al convivir su madre con una pareja del mismo sexo.  

Silvia ve con orgullo como su hija de 9 años crece rápidamente. Quedan atrás esos momentos de desesperación cuando fue violada por varios hombres que pretendían “curarla” de su homosexualidad. A pesar de la angustia vivida al darse cuenta que estaba embarazada, decidió no abortar: su hija es hoy día su gran amor y razón de vivir. La ha criado por años junto a su pareja, quien ha sido hasta hora su segunda madre, pero ante la ley ella es una perfecta desconocida.

Carlos y Jorge llevan más de 20 años juntos. Siempre han soñado con la idea de ser padres.  Hace cuatro años lograron adoptar a un bebé con Síndrome de Down que sus padres abandonaron en el hospital con sólo unos días de nacido. Hoy, el niño les ha iluminado la vida por completo y se dedican por completo a él.

Estos son sólo algunos ejemplos de padres gays o madres lesbianas que crían a sus hijos e hijas en muy diversas circunstancias.  Las familias homoparentales existen desde hace muchísimos años, sus hijos(as) viven aquí entre nosotros y ya no es posible ignorarles, son una realidad creciente no sólo en el mundo sino también en Costa Rica.  

Justamente por la situación de invisibilidad que sufren estas familias en Costa Rica, no se sabe con exactitud cuántos niños/as crecen en hogares con dos madres o dos padres en relaciones estables de pareja. 

Algunos estudios apuntan a que el 15% de las parejas de gays y lesbianas están criando a niños y niñas en todo el mundo. Es lamentable que en nuestro país no haya un registro claro del número de familias homoparentales, ya que oficialmente quedan registrados en su mayoría como hijos e hijas de madres solteras o bien incluyen hogares a parejas de hombres gays y de mujeres lesbiana sin hijos(as) y los cuentan como familias homoparentales.

Justamente para visibilizar estas familias y sus necesidades, desde el año 2012 cada primer domingo de mayo las organizaciones de familias diversas celebramos el Día Internacional por la Igualdad Familiar, y Costa Rica se sumó a esta iniciativa en el 2018 para aumentar los esfuerzos de visibilizar la existencia de todas estas familias e invitar a iniciar un diálogo sobre la necesidad de crear un marco jurídico que reconozca y proteja a estas familias.

Al ser un tema tan nuevo para muchos/as es lógico que genere muchas preguntas. ¿Cuál es la realidad de estas familias?, ¿qué garantiza que una pareja heterosexual pueda educar y amar más a sus hijos que una homosexual?, ¿corren los niños algún riesgo en estos hogares?, ¿es la heterosexualidad un requisito para ejercer la parentalidad?

Es más que evidente que la heterosexualidad no es garantía en sí misma para ejercer una buena parentalidad y pruebas de ello las vemos en las alarmantes estadísticas del HNN por ingresos de niños que sufren violencia doméstica en sus propios hogares sin contar a aquellos que son abandonados por sus padres.

Uno de los argumentos más frecuentes por parte de quienes se oponen al reconocimiento de estas familias se refiere al “principio del bien superior del niño” y el “derecho” a pertenecer a una familia tradicional conformada por un padre y una madre. Bajo esta perspectiva, ¿debería entonces el Estado prohibir que hijos/as crezcan en hogares monoparentales (padres y madres solteros)?

Una de las razones por las que el Tribunal Europeo de DDHH y la Corte Interamericana de DDHH ha fallado positivamente en casos de familias lideradas por personas del mismo sexo en relaciones estables de pareja, es porque hay suficiente evidencia de que la orientación sexual de los padres o madres no incide negativamente en la crianza de los/as hijos/as y que, por el contrario, se considera positivo que ellos/as cuenten con dos personas a cargo de su crianza y no sólo de uno/a, ya que brindará mayor protección y estabilidad a los/as hijos/as.

Otro argumento que escuchamos con frecuencia es que el niño o niña puede sufrir discriminación por “bullying” en las escuelas al venir de una familia no tradicional. Sin embargo Tasker & Golombock, en estudios efectuados en 1997, concluyeron que el “bullying” no es mayor en comparación con el que reciben los hijos de padres heterosexuales. 

El argumento de la discriminación es tan débil como aquel que le quiera recomendar a una pareja de raza negra no tener hijos por el temor a que haya racistas en la escuela. Ante eso, nos preguntamos si no tendría más sentido educar positivamente a las nuevas generaciones en un ambiente que se fomente la inlcusión y el respeto y que crezcan libres de racismo y homofobia.

Continuamos en otro artículo.

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